Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘Teoría narración’

Las grandes obras contienen un alto porcentaje de verdades. ¿De qué tipo? De todo tipo, referentes a todos los ámbitos. A veces son verdades sobre hechos investigados por el autor. A veces son nuevas aportaciones, o son fragmentos de conocimientos muy específicos y especializados aportados al mundo de la gente que solo lee novelas, y que jamás se acercarán a un ensayo o a una revista científica. A veces son verdades sobre la realidad psicológica del ser humano, o sobre las miserias del día a día… En todo caso habrá un buen número de ellas. Y si son muchas, poco obvias y están bien contadas, será una gran obra. Porque la verdad, cuando se lee, resulta divertida.

Agosto, 2013

Read Full Post »

(Fragmento extraído de un artículo de la revista Scifiworld, nº 63, julio de 2013)

En el léxico friki, WTF!?!, siglas de What the fuck!?! (algo así como un ¿Pero qué coño…? a la española) se ha hecho extremadamente popular para describir, en apenas tres letras, el sentimiento de desconcierto ante un plot-hole, otro anglicismo que nombra un agujero de guión; [es decir], ese instante en que la trama pierde la coherencia. Contraponiéndose a esta obsesiva persecución de lo coherente, hay otro vocablo casi idéntico, que no sería de extrañar que pronto alcanzara el estatus de trío de grafemas igualmente populares: el Who fucking cares!?! [¿A quién coño le importa…?]. Es decir, que para disfrutar de la trama no hay que estar permanentemente buscándole el trípode al gato. Basta con gozar de lo que se ve si un exceso de neuronitis.

Ahora bien, evidentemente, hay límites de verosimilitud. Y el burlarlos o no es algo que depende del efecto que Spielberg inventó en Tiburón. Peter Benchley, autor de la cinta que inspiró la obra maestra del cineasta norteamericano, estaba terriblemente preocupado con la culminación del tercer acto de la cinta. Y la verdad, es que si uno pone sobre el papel lo que Spielberg tenía pensado [y terminó siendo], se echa las manos a la cabeza: un tiburón atrapa en sus fauces una botella de oxígeno, se voltea, enfila al protagonista, y este, con su última bala, atraviesa la bombona y la letal montaña de carne que es el escualo estalla en mil pedazos. Benchley no dejaba de decirle a Spielberg que esa situación era el colmo del absurdo: ¿A santo de qué va a coger un tiburón una botella de oxígeno? Spielberg le repetía que funcionaría. Y ante la insistencia de Benchley, el realizador le desveló finalmente sus razones para estar tan seguro de esa escena: Funcionará porque el público, a esas alturas, ya está en mis manos. Y se creerá lo que yo quiera que se crea.

El Rey Midas llevaba razón. Pero la pregunta de Benchley es pertinente en cada caso en que el guión viola las reglas de lo coherente. ¿Hasta que punto puede llegarse sin perder la verosimilitud? ¿Cual es la frontera que, una vez traspasada, impide creerse y por lo tanto emocionarse con la ficción que se contempla?

La respuesta depende, y eso lo podemos comprobar en cada tertulia cinéfila al salir del cine. Hay acérrimos defensores del WTF!?!, es decir, de esa exigencia a los guionistas y directores de que no manejen a su antojo los engranajes de su historia, sino de que fijen unas reglas del juego para el comportamiento de todos los elementos que configuran su narración y se atengan a ellas; una especie de positivismo friki. Por otro lado, están los de temperamento más bohemio y naive, a los cuales no les molesta lo más mínimo la incoherencia siempre que haya goce estético e inmersión emocional. Ellos son los adalides del WFC!?!

Read Full Post »

He tenido un día maravilloso. Añadí una coma, la quité, y después decidí volver a ponerla.

(Oscar Wilde)

Read Full Post »

Coleridge compuso su poema Kubla Khan soñando. Pero cuando se encontraba escribiéndolo sin demora para no olvidarlo, se vio obligado a atender una visita. Después de despedirla, al cabo de casi una hora, comprobó, no sin dolor y rabia, que había muchos versos soñados que ya no recordaba.

Fernando Pessoa, que contaba esta anécdota en unos escritos sobre estética, decía: “todo cuanto verdaderamente pensamos o sentimos, todo cuanto verdaderamente somos, sufre (cuando lo vamos a expresar, incluso solo para nosotros mismos) la fatal interrupción del visitante que también somos, de la persona externa que tiene en sí cada uno de nosotros, más real en la vida que nosotros mismos: la suma viva de lo que aprendemos, de lo que creemos que somos y de lo que deseamos ser. […] Lo que verdaderamente sobrevive a todos nosotros, artistas grandes o pequeños, son fragmentos de algo que no sabemos lo que es, pero que sería, si hubiese sido, la expresión misma de nuestra alma.”

Read Full Post »

En la obra [Las ranas, de Aristófanes], Dionisio desciende al inframundo para organizar una competición entre los poetas muertos Esquilo y Eurípides, con el fin de dirimir cuál de los dos es el mejor dramaturgo y merece regresar a la Tierra para salvar a Atenas. Por turnos, ambos critican el trabajo de su antagonista. Eurípides dice que Esquilo es demasiado oscuro, melancólico y torturado; entonces Esquilo demuestra que las obras de Eurípides están hábilmente escritas pero se ciñen a una fórmula: siempre podrían tratar de alguien que pierde una botella de aceite. El hecho es que todas las historias que siguen una pauta empiezan en un conflicto que más tarde se resuelve, como pasa cuando uno pierde una botella de aceite y vuelve a encontrarla después.

(Nuestro trágico universo, Scarlett Thomas)

 

Read Full Post »

Cabría preguntarse: ¿cuándo escribir? ¿Hay algunas horas o momentos del día más recomendados para dar rienda suelta a la pluma? La respuesta parece ser (a falta de algún estudio científico que nos diga lo contrario) que cada cual sabrá o habrá de saber (según sus condiciones personales) los momentos de mayor creatividad. Tal vez algunos encuentre mayor acomodo en la noche, y otros al amanecer. Y por supuesto no faltarán los que, lejos de preocuparse por el horario, se abandonen a la tarea cuando les surja la ocasión de trasladar una idea al papel.

Entonces, ¿se puede adoptar la tarea de escribir como un trabajo al cual dedicarse periódicamente, tanto si la “inspiración” nos visitó como si no? ¿O, en cambio, es mejor plegarse al casual momento de las musas?

Goethe, en su gestación del Fausto, escribió estas líneas que nos pueden ilustrar:

Hace ya más de setenta años, siendo joven, tuve clara desde el comienzo la concepción del Fausto; en cambio me faltaban detalles sobre la secuencia completa. Ahora bien, siempre me propuse dejar que las cosas siguiesen su lento curso, trabajando sólo aquellos episodios que en el momento más me interesaban, de suerte que en la segunda parte quedaron lagunas, debido a la falta de un interés regular, en vincular aquellas con el resto. Aquí, desde luego, se presentó la dificultad mayor, es decir, lograr mediante la intención y el carácter lo que enr ealidad debía producirse únicamente a través de la naturaleza actuando libremente.

Lo que en Goethe es “la naturaleza actuando libremente” bien podemos traducirlo por “escribir cuando se tenga algo que escribir”, que queda así confrontado con “la intención y el carácter”, que puede ser entendido como “escribir no por ganas ni inspiración, sino por saber que hay que terminar”.

En definitiva, en Goethe se advierten dos actitudes básicas: la del escrito como “arte”, y la del escritor como “oficio”. Huelga decir que en el autor alemán, donde cobra fuerza el ideario romántico, resulta más gratificante la primera modalidad que la segunda, pero no se niega a ponerse el mono de trabajo si la obra lo requiere.

COmo penúltima reflexión, diremos que un escritor que no siente la presión o ansia de publicar, ni está sometido a intereses editoriales que le impongan fechas, puede permitirse, como Goethe, setenta años hasta componer su “opus magnum”. Pero algo nos dice que, cuando no se dispone de ese tiempo (y mucho me temo que es la situación de un noventa por ciento largo de los escritores vivos) no queda otra que aprender el oficio: levantarse, escribir, parar para desayunar y continuar hasta el mediodía. Quizás lo más productivos acaben aquí la jornada, pero es seguro que mcuhos habrán de continuarla hasta después de la cena. Eso sí, algunos trabajan mejor cuando duermen. Bendito trabajo el que te da sus mayores glorias en la cama.

Y, ¿cuándo parar de escribir?

Probablemente sólo haya una faceta de la escritura tan complicada (o más) que la de iniciar una obra (el famoso “temor a la página en blanco”), y esa sea justamente terminarla, poner su punto y final, negándole ya toda posibilidad de retoque y perfeccionamiento. De nuevo, para no sentirnos extraños, consolémonos con las palabras de Goethe, quien también sufrió de estas dolencias que nos afectan a los mortales:

Este Fauto me trae loco. No hago más que darle vueltas en la mollera y cada vez se me ocurre una idea nueva.

Read Full Post »

Ha pasado que se reconozcan como hechos poéticos expresiones que fueron forjadas sin esperar de ellas semejante percepción. Por ejemplo, André Bieli admiraba en los poetas rusos del siglo XVIII el procedimiento que consiste en colocar los adjetivos después de los sustantivos. Bieli reconocía un valor artístico en esto, le atribuía un carácter intencional. En realidad se trataba de una particularidad de la lengua, y no de un hecho artístico.

Largo y tendido podríamos profundizar en las consecuencias de lo expresado en este magnífico pasaje de Roman Jakobson (Sobre el realismo):

-Lo poético (cabe decir también lo artístico), no es algo que pueda regirse por unas normas o reglas objetivas, sino que responde a una cuestión de percepción (subjetivismo) por parte del sujeto espectador/lector.

-Uno puede hacer, por tanto, arte, aun sin pretenderlo, siempre y cuando otro lo perciba como tal.

-Uno puede no conseguir, por tanto, la obra de arte pretendida, porque otros no la perciban como tal.

-Lo que es arte en una época puede no serlo en otra; y viceversa. ¿Qué admirarán en los museos nuestros nietos? Y, ¿qué será de las obras que hoy custodiamos y apreciamos?

-¿Cómo distinguir lo que es intencionalidad estética, de lo que es expresión mínima y necesaria?

Recuerdo a compañeros que apreciaban el buen gusto de Bram Stoker a la hora de elaborar su ínclito Drácula en forma epistolar, y el carácter de originalidad que le aportaba al decurso de la narración. La pena (por decir algo) fue conocer que era una forma expresiva habitual de la literatura decimonónica y de principios del siglo XX. Entonces…

-¿Será artístico solo aquello que se separa de lo habitual, de la norma? ¿Será, en definitiva, lo artístico sinónimo de riesgo y desmarque?

Read Full Post »

Older Posts »