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Invitación para la presentación A la venta en web Ficha promocional

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Portada (2ª versión) DEFINITIVAA principios de mayo, del presente año 2015, saldrá publicada mi primera novela, bajo el sello de la editorial PezSapo (http://www.pezsapo.com/).

El libro estará a la venta en formato e-book (disponible en la página de la editorial) y en formato físico, en las principales librerías de Andalucía y Extremadura.

La presentación de la obra tendrá lugar en la librería Beta (C/ Sierpes, 26, Sevilla) el día 14 de mayo, a las 19:30 horas. Al día siguiente, 15 de mayo, será la firma de ejemplares en la Feria del Libro de Sevilla, en la caseta de la citada librería Beta, a partir de las 13:00 horas.

Les espero.

En nuestras escuelas, por regla general, se ríe demasiado poco. La idea de que la educación de la mente ha de ser algo tétrico, es una de las cosas más difíciles de combatir. Giacomo Leopardi ya conocía este problema, cuando escribía en su Zibaldone el 1 de agosto de 1823:

La edad más bella y afortunada del hombre es la infancia, pero está atormentada de mil formas distintas, con mil angustias, temores y fatigas debidos a la educación y a la instrucción, hasta el extremo de que el hombre adulto, incluso en medio de la infelicidad… no aceptaría volver a ser niño y sufrir lo mismo que ha sufrido durante la infancia.

(Gramática de la fantasía, Gianni Rodari).

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Estas son las páginas correspondientes al apéndice del cómic que lleva por título El Hogar Lejos de Casa, y que desde hace más de seis años llevamos elaborando mi compañero y amigo Emilio Flores y un servidor.

Pronto (si lo desean), más información sobre el mismo.254 adenda 1 255 256 257 258 259 260 261 262 263

1NOTAS PREVIAS: para el presente comentario me baso en las siguientes ediciones de la obra:

-Ed. Cátedra, Letras Hispánicas, edición de Dorothy S. Severin (Sexta edición), 1992.

-Ed. Vicens-Vives, clásicos adaptados (Eduardo Alonso González y Francisco Antón García), 2013.

Por tratarse de un comentario didáctico para alumnos de bachillerato, dedicaremos especial mención a la edición adaptada y actualizada de Vicens-Vives. Cuando nos refiramos a un fragmento de la obra y citemos la página, primero anotaremos la de la edición adaptada, y acto seguido la de Cátedra. Por ejemplo: (p.20/p. 50).

Mucho se ha discutido y estudiado acerca de los autores de esta obra y su cronología, así como de la lengua empleada y sus particularidades, y no es interés de estas páginas añadir nada que no se haya dicho ya. 2De ahí que remitamos al interesado a estudios más profusos y especializados en dicha materia. En las líneas que siguen nos limitaremos a comentar aspectos generales relacionados con la lectura directa de La Celestina y su interpretación.

 

DEDICADO A…

Empezaremos llamando la atención sobre un concepto que aparece repetidas veces en la obra, y que suele causar extrañeza entre los jóvenes que lo leen; me refiero al de mancebo, cuya primera acepción, ya en desuso según la RAE, es “juvenil”. Aunque preferimos centrarnos en otros usos más habituales: el de joven o mozuelo; el de trabajador en proceso de aprendizaje que, a cambio de un salario comedido, ayuda al titulado (normalmente en una farmacia); y el de hombre soltero.

A la unión semántica de estas tres acepciones va dedicada la obra: es decir, a aquellos jovenzuelos inexpertos y solteros, que, estando en edades propias para la lid amatoria, deben precaverse de los dimes y diretes, sobre todo los procedentes de “sirvientes y alcahuetas”. Y, en último término (y esta es una apreciación muy personal), la obra parece encerrar la enseñanza de que no conviene desafiar la tendencia natural o las naturales disposiciones del hombre con tal de conseguir aquello que tanto se desea. Pero más adelante ahondaremos en esta cuestión.

AMOR DESMEDIDO. CONSECUENCIAS.

Aunque la historia parece empezar de forma muy casual, alusiones posteriores nos hacen pensar que, a pesar de que el encuentro de Calisto con Melibea es ciertamente fortuito (él corre en busca de su halcón, que se ha escapado; en su carrera llega al huerto de Melibea, tras saltar su alto muro), hay un conocimiento previo, incluso presumiblemente mutuo. Esto se hace evidente en dos pasajes. En el primero, Calisto enumera a Sempronio los motivos que, sumados a su belleza, le hacen perder el sentido por Melibea: Considera la nobleza y antigüedad de su linaje, su gran patrimonio… Es decir, que ella probablemente perteneciera a una familia noble bien conocida en la zona. Y el segundo y más definitivo ejemplo es al final, cuando Melibea, cercano ya el momento de su suicidio, resume a su padre Pleberio lo acontecido: Se llamaba Calisto, tú lo conociste bien, y conociste a sus padres virtuosos y de claro linaje.

El enamoramiento de Calisto por Melibea va más allá de la mera pasión: él deifica a su amada: Melibeo soy y a Melibea adoro. […] ¡Por Dios la creo, por Dios la tengo!

Calisto se sume en una profunda melancolía que linda con la locura. Su siervo Sempronio no puede entender esa pérdida de cordura: Sometes la dignidad del hombre a la imperfección de la débil mujer. Sempronio cita a ilustres pensadores que no apreciaban mucho el papel social de las mujeres, como Aristóteles y Séneca, y hace una larga declaración sobre los males que las mujeres engendran (p.51/p.96). Sabido es el notorio influjo del pensamiento aristotélico a lo largo de toda la Edad Media. En esta obra resulta curioso que un criado como Sempronio sepa citar a Aristóteles. ¿No has leído a Aristóteles? La mujer es la materia, y necesita al hombre, que es la forma.

Además, Sempronio le recuerda que la Fortuna ha sido generosa contigo, pues tus cualidades de dentro resplandecen con los bienes de fuera […], y por influjo de los astros, todos te aman. Es decir: que a sus virtudes sentimentales e intelectuales, parece unírseles otras más materiales o aparentes, como son su desahogada situación económica, su buena posición social y su belleza física. Pero nada de eso parece importar demasiado cuando se encapricha por Melibea y recibe de ella un duro rechazo. Quizás la falta de costumbre frente a una negativa femenina lo hace obsesionarse. Hará lo que sea con tal de cambiar la actitud de su amada. Y ese “lo que sea” será su perdición.

Frente al amor desmedido y la pasión incontrolable e impaciente de Calisto, Pármeno aparece como el siervo responsable y voz de la conciencia. Pero pronto se verá tentado por Celestina, y en su fuero interno se librará una batalla moral en la que terminará ganando el miramiento por el bien propio: ¡Oh, desdichado de mí! Por ser leal padezco mal. Otros ganan por ser malos y yo pierdo por ser bueno. ¡Así es el mundo! Su invectiva coincide con esa creencia popular (para algunos, ley) de que las buenas personas, acuciadas siempre por sentimientos de responsabilidad moral, deber o merecimiento, sufren penas que los malos esquivan sin remordimientos; así es que “los buenos” sufren por la angustia de apartarse de la virtud, mientras que “los malos” disfrutan de una vida sin ataduras éticas. Recordemos en este punto el tópico de la justicia poética, según el cual quien obra bien y de acuerdo a la Naturaleza, acaba siendo recompensado; mientras que quien obra indebidamente, recibirá algún castigo en forma de enfermedad o desgracia (relación con otros refranes: “Cría cuervos y te sacarán los ojos”; “Quien siembra vientos recoge tempestades”…). Como ya veremos, esta es la idea que anidaba en el corazón y en la mente de Pleberio, padre de Melibea, quien tras la muerte de su hija reconoce que pensaba que la vida debía sonreírle, pues había seguido un camino recto y coherente. Nada, por tanto, hacía presagiar tan trágico final.

En Pármeno, pues, pesa la gran duda entre obrar bien y no encontrar ganancia alguna con el plan de Celestina, y obrar mal y sacar algún rédito favorable. Incluso cuando parece decidido (En adelante, escarmentaré. Le seguiré la corriente…), siempre ejerce de voz crítica ante las propuestas de Celestina o las atrevidas insinuaciones de Sempronio (que es mucho más desinhibido en asuntos morales: Yo, a la primera señal de peligro, abandono a mi amo. ¡Al diablo sus amores!). Y si hay algo que más decididamente mueve a Pármeno del lado de la vieja alcahueta, es la promesa de ésta de conseguirle la joven por la que él suspira: Areúsa. Esto nos lleva a la conclusión que desarrollamos en el siguiente punto.

DOS GRANDES MOTORES: SEXO Y DINERO.

Los dos grandes motores que mueven la obra (y alguno que otro pensará que también nuestro mundo real) son el sexo y el dinero.

Todo se inicia por la pretensión carnal y sexual de un joven hacia una muchacha. Y todos los que conspiran a su alrededor para ayudarle, lo hacen precisamente para obtener a cambio algún beneficio en forma de dinero, ropas, joyas u otro patrimonio material. Como decíamos antes, el defensivo Pármeno terminará cayendo en los arteros planes de Celestina a cambio de que ésta le consiga un encuentro sexual con Areúsa. Después de retozar con ella, sus objeciones a aprovecharse del mal de amor de su amo serán más tenues.

Por su parte, el interés de Celestina es principalmente económico y material, aunque tampoco renuncia totalmente a la gracia del sexo: Y aunque soy vieja, ¡Dios sabe que todavía siento muchos deseos! Si bien, a su edad, comprende que no le toca disfrutar de la práctica sexual, sí demuestra complacerle el contemplar la belleza de los cuerpos; incluso practica el voyeurismo (voyeur: persona que disfruta contemplando actitudes íntimas o eróticas de otras personas. Voyeurismo: actitud propia del voyeur): Acércate aquí, vergonzoso, que quiero ver qué eres capaz de hacerle, le dice a Pármeno cuando concierta un encuentro sexual entre él y Areúsa. A la alcahueta le gusta hablar de sexo, y reconoce que hay goce en intercambiar experiencias con los demás. No en vano, toda la obra está plagada de metáforas sexuales, y en muchas ocasiones hay que interpretar y saber leer entre líneas para extraer la verdadera intención erótica de ciertos comentarios.

Sexo y dinero parecen estar detrás de todos los actos que impulsan a los personajes. El caso de Calisto es claro: toda la obra gira en torno a su deseo incontrolado por Melibea. Pero cabe preguntarse qué habría ocurrido si fuera un personaje pobre o modesto. Desde luego, no parece probable que se sucedieran la cadena de acontecimientos que jalonan la historia. Como Calisto anda embelesado y con el oremus perdido por su pasión, todos traman a sus espaldas y tratan de aprovecharse de él.

El gancho inicial de Celestina para atrapar en su plan a Sempronio y Pármeno es la promesa de las muchachas que estos desean y una mejora en sus condiciones. Al final, la codicia parece cobrarse sus propias víctimas: los siervos de Calisto reclamarán el dinero que creen que les pertenece, y al negarse Celestina, la matarán. Pero acto seguido ellos mismos serán ajusticiados en mitad de la plaza por su crimen (quizás sea aquí aplicable ese otro refrán de “la avaricia rompe el saco”…).

EL GRAN PERSONAJE: CELESTINA

Es Sempronio quien presenta a la gran protagonista de la obra, cuando se decide por ayudar a su amo Calisto para que conquiste el amor de Melibea: Hace mucho que conozco a una vieja barbuda que se llama Celestina. Es hechicera, astuta y experta en toda clase de maldades. Creo que son más de cinco mil los virgos que se han hecho y deshecho en esta ciudad bajo su influencia. En efecto, como madama de un prostíbulo a las afueras de la ciudad, Celestina es facilitadora de muchachas jóvenes a hombres de toda condición. Pero también se encarga de “recomponer” el himen de las desvirgadas con tripas de algún animal, para aquellos hombres que desean casarse con una joven todavía inocente y casta.

Celestina es hábil con las palabras. Es capaz de engatusar para su causa a los demás y moverlos hacia sus propósitos. Generalmente lo consigue haciendo atractivas promesas, identificando los deseos de los demás y dejando entrever con sutileza la manera de proveérselos. Y, además, cuando alguien se le resiste no duda en hacer uso de sus conocimientos en brujería. Aunque hay controversia entre los críticos por el verdadero influjo que ejerce la brujería en la obra, de lo que no hay duda es de la creencia que Celestina sostiene en el poder efectivo de su conjuro. Y, desde luego, si no era intención del autor introducir el componente sobrenatural, ciertas cosas que ocurren encontrarían extraña explicación con la más pura casualidad: ¡Oh, diablo al que conjuré, qué bien has cumplido tu palabra! Te debo un gran favor, pues has amansado a la cruel hembra con tu poder, y me has permitido que le hable con libertad al provocar la ausencia de la madre. ¡Oh aceite de serpiente, oh blanco hilado, cómo os habéis unido para favorecerme! De hecho, podríamos considerar esta solución antinatural para unir a dos personas que no estaban destinadas a ello, como el desencadenante inicial del cúmulo de desgracias que, una tras otra, acontecen hasta el final.

En Celestina se dan ciertas aparentes contradicciones que la convierten en un personaje literario magnífico por su complejidad y rotunda humanidad. Por sus deseos, artimañas, engaños, aspiraciones, por sus quejas, por su forma de manejar a las personas que la rodean… Podemos encontrarnos leyendo sus intervenciones con una sonrisa pícara, entendedores de que la vieja no dice nada sin una intención previa: todo parece premeditado para alcanzar sus propósitos. Siempre comienza endulzando los oídos de su interlocutor; así lo hace por ejemplo cuando intenta ganar el respaldo de Pármeno y se inventa la historia del dinero que le dio a guardar el padre de éste; también lo hace con Melibea cuando ensalza su belleza, en un intento de despertar en ella la necesidad sexual propia de su edad: Dios no pudo hacerla [tu belleza] en balde, sino para almacén de virtudes… Además, gracias a su agilidad para improvisar, Celestina inventa la historia del dolor de muelas de Calisto, y consigue así de Melibea su cordón y la promesa de una oración que mejore el mal del muchacho. A la postre, esta reacción provocará una satisfacción en Calisto que, congratulado, obsequiará a Celestina con un regalo.

EL REFRANERO

La obra entera es pródiga en refranes y sentencias. Recogerlas es tarea inútil, pues vendría a coincidir prácticamente con copiar buena parte del texto total. Todos los personajes, en mayor o menor medida, hacen acopio del refranero a la hora de expresarse, aunque nuevamente es Celestina la que destaca en esta faceta. Por su edad y particular modo de vida, está muy apegada al saber popular confiscado en estas frases breves y didácticas. Es propio de los hombres equivocarse, pero es de seres irracionales persistir en el error; o No se posee nada con alegría si no se comparte con otro; o La mocedad ociosa acarrea la vejez trabajosa.

Solo con las sentencias de Celestina podría escribirse un libro de aforismos o adagios. Repasemos precisamente algunos de estos conceptos empleados para expresar enseñanzas en forma de fugaces afirmaciones:

ADAGIO: sentencia breve, comúnmente recibida, y, la mayoría de las veces, moral.

AFORISMO: sentencia breve y doctrinal que se propone como regla en alguna ciencia o arte.

APOTEGMA: dicho breve y sentencioso; dicho feliz, generalmente el que tiene celebridad por haberlo escrito o proferido algún hombre ilustre.

MÁXIMA: sentencia, apotegma o doctrina buena para dirigir las acciones morales.

OTROS TEMAS TRATADOS

Hay que tener en cuenta y reconocer la importancia de los tópicos que, si bien no son del todo iniciados por esta La Celestina, sí al menos aparecen profundizados en ella. Por ejemplo, los perjuicios de la vejez frente a las bondades de una lozana juventud. En todo caso, claro está, el deseo último siempre es vivir; cuanto más mejor: Melibea: ¿Por qué hablas tan mal de la vejez, si todo el mundo desea llegar a viejo? Celestina: […] el niño desea ser mozo, el mozo viejo, y el viejo más viejo aún, aunque esté lleno de achaques.

En relación a la situación de los ricos y los pobres, se hace mención en varias ocasiones a la vida más relajada de los últimos que de los primeros, porque mientras que el pobre no tiene nada, el rico siente temor por perder lo que tiene. Al rico se le va el sueño, la alegría y el sosiego por el desagüe de los engaños y los falsos halagos. […] Al rico nunca le dicen la verdad, todos le dicen lisonjas, todos le envidian, sus hijos y nietos piden a Dios que se lo lleve al otro mundo para repartirse sus bienes… Paradójicamente esto lo dice Celestina, que pocas líneas antes acaba de reconocer que todo se mueve por dinero, y que ella mismo lo ansía y se mueve única y exclusivamente por él: ¡Mientras haya dinero de por medio, ya puede durar este pleito todo lo que haga falta! Y es que el dinero lo puede todo…

Hay un cierto platonismo sobrevolando la obra, en la consideración de la belleza como símbolo de virtud, lozanía, pureza e inocencia. En cambio, la fealdad, tan asociada a Celestina, con esa raja tantas veces nombrada en su cara, está asociada a la maldad, la brujería, la mala vida y las malas prácticas; es decir, la imperfección no solo física, sino también moral.

LOS MOTIVOS DE LA TRAGEDIA

Como los lazos que unen a los distintos personajes son inestables, por egoístas, artificiales y antinaturales, en cuanto algo falla, se produce un efecto en cadena que provoca la tragedia, y afecta a todos los participantes.

Pármeno y Sempronio no se llevan bien, pero Pármeno decide hacer las paces y hermanarse con él porque es convencido por Celestina de que su amistad hará bien al negocio que llevan entre manos.

También la relación de los siervos con Celestina es pura conveniencia. Así que, en cuanto la cosa se tuerce y la vieja avara se niega a compartir con ellos los obsequios de Calisto, se desata la tragedia y la matan.

También la relación de Calisto con Melibea es peligrosa, pues es producto de la brujería. Así que no tarda también en derrumbarse dramáticamente.

Toda la acción de la obra se inicia con un noble sentimiento, como es el enamoramiento de un hombre hacia una mujer. Pero la historia parece empeñada en demostrar que forzar la situación más allá de lo debido trae infortunio. Obsesionado con conseguir lo que ansía, Calisto contraviene la Naturaleza, y la Fortuna le da un escarmiento; pero no solo a él, sino a todos los que intentan sacar tajada de su locura de amor.

Además, la obra refuerza la idea de que lo deseado, una vez conseguido, produce una mesura en el individuo; y como el placer es normalmente corto y fugaz, luego sobrevienen los lamentos por las locuras llevadas a cabo en su consecución. Así, Calisto se arrepiente de no haber defendido a sus criados o de no haberse interesado por su ajusticiamiento en la plaza; pero este sentimiento de culpa le sobreviene después de haber satisfecho su deseo sexual con Melibea, no antes. Obviamente, la libido le ciega la razón. Después, cuando Calisto muere, es Melibea la que lamenta no haber disfrutado ni ser consciente de su felicidad: ¿Cómo no gocé más del gozo? ¿Cómo aprecié tan poco la dicha que tuve entre mis manos? ¡Ay, ingratos mortales! ¡Solo reconocéis vuestros bienes cuando los perdéis!

Las prostitutas Elicia y Areúsa, que también se habían aprovechado de las viandas que Pármeno y Sempronio le habían birlado a su amo para darse una opípara cena, urden finalmente venganza contra los enamorados, pues los ven responsables primeros de las muertes de Celestina y de sus amantes.

Curiosamente, los dos siervos de Calisto que aparecen en la obra tras la muerte de los dos primeros, parecen repetir el esquema de los anteriores. Ahora es Sosia el seducido por Areúsa. De él sacan las prostitutas la información necesaria para cobrarse venganza a través de Centurión (aunque éste, a su vez, también las miente a ellas, y obra a través de su amigo Traso). Mientras que Tristán ejerce ahora de Pármeno, intentando aportar cordura y prudencia: Sosia, amigo, no tengo mucha edad ni experiencia, pero esta mujer es una conocida ramera…

Al final, la muerte de Calisto no puede estar más rodeada de simbolismos. Cae de la escalera que, al subir, le permitía salvar el muro que lo separaba de su amada. Pero ese muro representa también el más elevado estatus de Melibea. Es decir, que de nuevo hace aparición un elemento no natural, además de la brujería, para conseguir el objeto de deseo: solo con la escalera podía Calisto alcanzar a la dama; y será esa misma escalera de la que caerá para morir descalabrado. Para colmo, el muro impide que Melibea se despida de su amado; solo en diferido, a través de los lamentos de sus criados, obtiene la trágica noticia de su muerte. Tal vez símbolo de que, por las diferencias sociales entre ambos (que deberían haber impedido su unión), ahora quedan condenados a no despedirse. El muro los separa también en la muerte.

Así que, en último término, parece obvio sacar como lectura el cuidado necesario a la hora de pretender alcanzar un fin, especialmente si éste es de índole amatoria. Recordemos que la obra está dedicada a los jóvenes enamoradizos: cuidado de no rodearse de ambiciosos compañeros o interesados ayudantes y embaucadores. Incluso (y esto ya tal vez constituya un atrevimiento muy subjetivo), parece lanzar el mensaje de que conviene no enamorarse de quien no se debe.

La obra termina con un planto (llanto) de Pleberio, padre de Melibea, en el que impreca a la vida y al mundo por engañar a sus moradores, y se rebela contra la existencia de los placeres, pues son trampas para que los hombres puedan creerse felices, y luego sufran desprevenidos las desgracias. Porque estas terminan, inevitablemente, por llegar, aunque uno tome precauciones y crea haber encauzado su vida de forma correcta.